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La batería de litio del
coche eléctrico
En el desierto chileno de Atacama, la Sociedad Química y Minera de Chile
S.A (SQM) es hoy en día la principal productora del mundo de un elemento
fundamental para teléfonos móviles o el coche eléctrico: el litio. Este
material se extrae de la salmuera (agua con sal) bombeada del subsuelo
del Salar de Atacama, como subproducto del cloruro de potasio, siendo
procesado en instalaciones industriales cercanas a Antofagasta.
En un post anterior sobre la mucha mayor eficiencia y reducción de
emisiones de un coche eléctrico frente al de gasolina, algunos lectores
defendían que estas ganancias ambientales quedaban muy mermadas por el
impacto de las baterías. La realidad es que una batería de iones de
litio (Li-Ion) como las que llevan algunos de los nuevos autos
eléctricos no destacan por tener una especial incidencia en el medio
ambiente o la salud. Lo que sí resulta cierto es que mucho de lo que
ocurra en los próximos años con el vehículo eléctrico dependerá del
desarrollo tecnológico de este componente.
Si levantamos el capó de un coche de gasolina, encontramos la batería
más común de plomo-ácido utilizada para el arranque del vehículo. A
pesar de que este material puede ser altamente contaminante, hoy en día
estos acumuladores están bien controlados y se reciclan un 95% de ellos.
El inconveniente de emplear estas baterías también para mover coches
eléctricos es que al intentar meter mucha más energía crecen demasiado,
volviéndose excesivamente pesadas y voluminosas.
Otra tecnología que ha sido muy empleada para todo tipo de aplicaciones
industriales ha sido la de níquel-cadmio (Ni-Cd). Sin embargo, el cadmio
es un metal pesado muy tóxico, por lo que este tipo de acumuladores han
sido desplazados por los de níquel-hidruro metálico (Ni-MH), que son los
que lleva el coche híbrido Toyota Prius. Estas baterías pueden acumular
el doble de energía por cada kilo de peso que las de plomo ácido, pero
sus prestaciones no son suficientes para una verdadera expansión del
coche eléctrico. Además, no resuelven del todo el inconveniente del
efecto memoria: que es lo que antes pasaba a los móviles cuando la
batería empezaba a durar cada vez menos por no cargarlos de forma
completa (antes de que aparecieran las actuales baterías de litio).
El coche escandinavo Think City, uno de los turismos 100% eléctricos que
ya se pueden comprar en España, cuenta con acumuladores de sodio y
cloruro de níquel (Na-NiCl2) fabricados por la empresa MesDea en Suiza.
Estas baterías también conocidas como ZEBRA (del Zeolite Battery
Research Africa Project) funcionan a temperaturas de 200-250 grados y
suponen un gran avance en capacidad. Son muy interesantes. Aun así, como
explica el director de I+D de la empresa vasca Cegasa, Igor Cantero, su
pega es también importante: un 10% de la batería se emplea en mantener
alta la temperatura incluso con el coche apagado, lo que puede provocar
que se descargue sola, ocasionando problemas.
Los acumuladores de energía sobre los que hay más expectativas puestas
hoy en día son los mismos que los de los móviles, los de litio ion. El
litio es el elemento sólido más ligero de la tabla periódica y este tipo
de baterías pueden almacenar ya unos 150 Wh por cada kilo de peso. Y,
aún así, esto significa que una batería de 30 kWh para un auto
enchufable pesará unos 200 kilos. “Son las que mejor cumplen los
requisitos del coche eléctrico”, destaca Cantero, cuya empresa Cegasa
está trabajando ya en prototipos de baterías de litio ion para vehículos
eléctricos con vista a su producción a gran escala a partir del año
2012. Sin duda, uno de sus mayores inconvenientes es el precio: 500
euros por kWh. Esto significa que la misma batería de antes de 30 kWh
costará 15.000 euros. La industria espera que la producción a gran
escala de estos acumuladores reduzca su precio a 200-250 euros el kWh en
2020.
En cuanto a su impacto ambiental, como detalla este químico, lo que se
utiliza no es litio metálico sino sales de litio, “que no tienen
problemas de toxicidad”. Sí puede haberlo con el óxido de cobalto
empleado como material catódico, pero se está sustituyendo ya por
fosfato de litio y hierro (LiFePO4) u óxido de manganeso litiado (LiMn2O4)
para evitar su gran inestabilidad.
El director de I+D calcula que se necesita una cantidad aproximada de
unos 13 kilos de litio por cada coche eléctrico. ¿De dónde van a salir?
Para responder a esta pregunta hay que ir de nuevo al salar de Atacama
(Chile), o al salar del Hombre Muerto (Argentina), o al lago salado de
Xitai (China)… De acuerdo a los últimos datos del Servicio Geológico de
Estados Unidos (USGS), en 2008 se produjeron unas 25.400 toneladas de
litio en el mundo, cifra que en 2009 descendió a unas 18.000 toneladas
por la crisis económica. Los principales productores fueron Chile (41%),
Australia (24%), Argentina (12%) y China (12%). No obstante, también se
extrae en Portugal, Canadá, Zimbabwe o Brasil. Además, en los últimos
años muchos países y empresas han empezado a moverse rápidamente en
búsqueda de reservas que explotar. Se han encontrado importantes
yacimientos en México y, sobre todo, en Bolivia. En el inmenso salar de
Uyuni, en el departamento de Potosí, la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL)
ha estimado que existen unos 100 millones de toneladas de litio
disueltos en la salmuera bajo tierra, lo que supondría, de lejos, las
mayores reservas del planeta.
La industrialización del salar de Uyuni está considerado uno de los
proyectos estratégicos del presidente boliviano Evo Morales y, este mes
de abril las máquinas reanudaron las perforaciones de varios pozos de
hasta 300 metros de profundidad para determinar las regiones con mayor
concentración de litio de cara a su pronta explotación. ¿Será Bolivia la
futura Arabia Saudí del litio?
Algunas voces críticas con el coche eléctrico advierten que el mundo se
va quitar de encima la dependencia del petróleo para serlo ahora del
litio. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así gracias justamente a
su reciclaje. “Con la gasolina ocurre que una vez que la gastas en el
depósito del coche ya no la puedes recuperar, pero una de las cosas que
se plantea desde el principio con el vehículo eléctrico es el reciclaje
de los compuestos de litio de las baterías en desuso para fabricar otras
nuevas”, comenta Cantero, que no cree que el suministro vaya a suponer
ningún problema.
Este tipo de baterías tienen mucho que mejorar aún. En los últimos años,
se están abriendo numerosas líneas de investigación y se puede avanzar
mucho con la nanotecnología y nuevos materiales. Además, todavía se
puede optimizar mucho el proceso de producción. “Nosotros somos
fabricantes de pilas y sabemos que existe un gran margen”, incide el
director de I+D de Cegasa, que cree que se puede aumentar la densidad de
las baterías de litio a 200 Wh/kg, lo que reduciría su tamaño para
obtener la misma energía. “El motor de combustión lleva 100 años
optimizándose, pero esto acaba de empezar”, subraya.
En lo que respecta al tiempo de recarga, este químico considera que no
existen ya complicaciones técnicas para recargas lentas de 4-6 horas
como quieren las compañías eléctricas, ni tampoco para rápidas de 30
minutos a una hora como piden los fabricantes de coches. Lo que resulta
ya más delicado son las descargas ultrarrápidas de 10 ó 12 minutos, por
el sobrecalentamiento de los acumuladores. “Esto se podrá hacer pero
sólo para situaciones de emergencia”.
La idea es que una misma batería sirva para toda la vida útil de un
coche. En el caso de las baterías de litio ion, estas permiten unas
2.200-2.500 recargas profundas, lo que supone unos diez años de uso.
Aunque en realidad, una batería que llegue a este punto mantendrá
todavía un 80% de capacidad de acumulación de energía. Cargar en un
coche con un 20% de peso inútil de una batería de 200 kilos no tiene
sentido. Pero esa batería seguiría siendo muy útil para otras
aplicaciones en las que no haya que moverla, antes de enviarla a
reciclar.
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